“Continúan las valoraciones sobre las opciones relacionadas con la
guerra en Afganistán. Se identifican tres prioridades en términos de
esfuerzos de carácter civil: la agricultura, la educación y la reducción de los
cultivos de amapola. Si se lograban estos objetivos se podría socavar el
apoyo al Talibán.
“La gran pregunta seguía siendo qué se podía hacer en un
año.
“Petraeus dijo haber redactado un manual titulado ‘Lecciones
sobre la reconciliación’, sobre sus experiencias en Irak, del cual Mullen no
tenía conocimiento.
“Según las encuestas públicas, dos de cada tres
estadounidenses pensaban que el Presidente carecía de un plan bien definido
para Afganistán. Incluso entre la población, las opiniones estaban
divididas acerca de cómo proceder.
“Axelrod respiró profundo. El público no hacía distinción entre
el Talibán y Al Qaeda. Eso podía ser parte del problema.
“Sólo el 45 por ciento de la población aprobaba la manera en que
Obama manejaba el asunto de la guerra (había perdido 10 puntos en un mes,
15 puntos desde el mes de agosto y 18 desde que alcanzó su nivel más
alto). La reducción de la cifra se debía a la pérdida del apoyo republicano.
“Axelrod no se preocupaba; decía que al final serían él o
todos los que explicarían cuál era la decisión en términos claros, para
que la gente pudiera entender lo que se estaba haciendo y por qué.
“Panetta declaró que ningún presidente demócrata podía ir en
contra de las recomendaciones de los militares, en especial si el Presidente
las había solicitado. Su recomendación era hacer lo que ellos decían. Les
expresó a otros funcionarios de la Casa Blanca que en su opinión la decisión
debía haber sido tomada en una semana, pero que Obama nunca le preguntó y que
él nunca le había expresado voluntariamente su opinión al Presidente.
“El ex vicepresidente Dick Cheney expresó públicamente que los
Estados Unidos no debían titubear cuando sus fuerzas armadas estaban en
peligro.
“Obama deseaba tomar una decisión antes de su viaje por
Asia. Dijo que aún no se le habían presentado dos opciones, que eran los
40 000 efectivos o nada. Dijo que quería una nueva opción esa misma
semana. Tenía en su mano un memorando de dos hojas enviado por su
director de presupuesto, Peter Orszag, con el estimado de los costos de la
guerra en Afganistán. Según la estrategia recomendada por McChrystal, el
costo durante los próximos 10 años sería 889 mil millones de dólares, casi 1 billón
de dólares.
“‘Esto no es lo que yo estoy buscando’, dijo Obama. ‘No voy a
prolongar esto durante diez años; no voy a enfrascarme en la construcción de
una nación a largo plazo. No voy a gastar un billón de dólares. Les
he estado presionando al respecto.’
“‘Esto no está en función del interés nacional. Sí, es
necesario internacionalizar esta situación. Esa es una de las grandes
fallas del plan que se me ha presentado.’
“Gates apoyaba la solicitud de tropas de McChrystal,
pero por el momento era necesario retener a la cuarta brigada.
“Obama dijo: ‘Quizás no necesitemos a la cuarta brigada, ni
a los 400 000 efectivos de las fuerzas de seguridad afganas que McChrystal se
propone entrenar. Pudiéramos aspirar a un crecimiento más mesurado de
esta fuerza. Pudiéramos incrementar los efectivos para contrarrestar el auge
enemigo pero sin enfrascarnos en una estrategia a largo plazo.’
“Hillary opinaba que a McChrystal se le debía dar lo que él pedía,
pero coincidía en que se debía esperar antes de enviar a la cuarta brigada.
“Obama le preguntó a Gates: ‘¿Realmente necesitas 40 000
efectivos para revertir el auge del Talibán? ¿Qué tal si enviamos de 15 000 a
20 000? ¿Por qué no sería suficiente con esa cantidad de tropas?’ Reiteró
que no estaba de acuerdo con gastar un billón de dólares ni con una
estrategia de contrainsurgencia que se prolongase durante diez años.
“‘Quiero una estrategia de salida’, agregó el Presidente.
“Todo el mundo se dio cuenta de que, al apoyar a McChrystal,
Hillary unía fuerzas con los militares y con el Secretario de Defensa,
limitando así la capacidad de maniobra del Presidente. Había reducido sus
posibilidades de aspirar a un número significativamente menor de tropas o una
política más moderada.
“Era un momento decisivo en sus relaciones con la Casa
Blanca. ¿Era ella de confiar? ¿Podía ella algún día pertenecer realmente
al equipo de Obama? ¿Había sido ella en algún momento parte de su equipo? Gates
pensaba que ella hablaba a partir de sus propias convicciones.
“Muy pronto aquellos que tenían ideas similares se agruparon.
Biden, Blinken, Donilon, Lute, Brennan y McDonough eran un grupo poderoso,
cercano a Obama en muchos sentidos, y eran el equilibrio contra el frente unido
compuesto por Gates, Mullen, Petraeus, McChrystal y ahora Clinton.