“El General Jones
acostumbraba a viajar él mismo a Afganistán para hacer sus propias
valoraciones. Él era de la opinión de
que los Estados Unidos no podían perder esa guerra, porque la gente iba a
decir que los terroristas habían ganado y este tipo de acciones se iban a ver
en África, América del Sur y otros lugares.
Las organizaciones como la OTAN, la Unión Europea y las Naciones Unidas
podrían quedar relegadas al basurero de la historia.
“Jones visita a los
soldados heridos, se reúne con los coroneles y se entrevista
con McChrystal. McChrystal le confiesa
que Afganistán estaba mucho peor que lo que él esperaba. Advirtió que había sobradas razones para
preocuparse y que si la situación no se revertía pronto se haría irreversible. Jones pidió que le enumerara los problemas y
McChrystal comenzó a citar toda una letanía de ellos: el número de talibanes en
el país era muy superior a lo que se pensaba (25 000). Jones comentó que eso era el resultado
del tratado firmado entre Pakistán y sus
tribus, pues allí los nuevos talibanes podían ser entrenados sin
interferencias. El número de ataques
talibanes se acercaba a los 550 semanales y en los últimos meses se había casi
duplicado. Las bombas a los bordes de la
carretera estaban matando a aproximadamente 50 efectivos de las tropas de la
coalición cada mes, a diferencia de la cifra de ocho registrada
el año anterior.
“Jones insistía en que la
nueva estrategia tenía tres etapas:
“1.- La seguridad.
“2.- El desarrollo
económico y la reconstrucción.
“3.- La gobernabilidad por
parte de los afganos bajo el imperio de la ley.
“Jones insistía en que la
guerra no la iba a ganar sólo el ejército, que durante el próximo año
la parte de la estrategia que debía comenzar a funcionar era el desarrollo
económico, y que si eso no se hacía bien no iban a haber suficientes tropas en el
mundo para lograr la victoria. Jones
aclaró que ésta era una nueva época y que Obama no le iba a dar a los
comandantes del ejército todas las fuerzas que ellos pedían, como acostumbraba a hacer
Bush durante la guerra en Irak. Jones
añadió que el Presidente sabía que estaba caminando por el filo de una navaja, lo cual quería decir que
no sólo eran tiempos difíciles y peligrosos, sino que la situación
podía avanzar en una u otra dirección.
“En la provincia de Helmand, Jones aclaró que la
estrategia de Obama estaba destinada a reducir la participación y el compromiso
de los Estados Unidos, que él no pensaba que Afganistán debía ser
la guerra sólo de los Estados Unidos, pero que había habido una
tendencia a americanizarla.
“A su regreso Jones le
informa a Obama que la situación era desconcertante; que no había relación
alguna entre lo que le habían estado diciendo
durante los últimos meses y lo que
el General McChrystal estaba enfrentando. Obama le pregunta al fin
cuántas tropas se necesitaban y Jones le informa que aún no había un número
definido. Él pensaba que era necesario
completar las dos primeras etapas de la estrategia —desarrollo económico y
gobernabilidad—, o de lo contrario Afganistán simplemente se iba a tragar
cualquier cifra adicional de tropas.
“En el Pentágono la
reacción era muy diferente. Jones fue
acusado de querer poner límites a la cifra de tropas. Éste alegaba que no era justo que el
presidente tomara la decisión que había tenido que tomar en marzo, y antes de completar los
21 000 efectivos allí, decidir que como la situación era tan mala
se necesitaban de 40 000 a 80 000 efectivos
adicionales.
“Entre la Casa Blanca y el Pentágono existía un
abismo cada vez mayor, y esto ocurría sólo cuatro meses después de
que el Presidente diera a conocer su nueva estrategia.