“Petraeus se mostraba
preocupado. Le preocupaba convertirse en
la víctima de sus éxitos anteriores en Irak. Probablemente una
contrainsurgencia no era la estrategia correcta en Afganistán, pero Petraeus le había
asignado la tarea de estudiar el tema a un grupo de expertos en operaciones y
actividades de inteligencia, quienes tenían una opinión contraria.
Parecía que el Presidente no había aceptado sus argumentos a favor de una
operación contrainsurgente. El
presidente anunció en un discurso su estrategia de desmantelar y derrotar a Al
Qaeda. Un editorial del diario The Washington Post elogió el plan con
el siguiente titular: ‘El precio del Realismo’.
El discurso sorprendió a algunos.
El presidente personalmente le había hecho cambios al texto. Obama no se había comprometido totalmente con
el envío de todas las tropas solicitadas por el ejército. Obama dijo que analizaría la cuestión
nuevamente después de las elecciones en Afganistán.
“El Secretario de Defensa
Gates parecía cómodo con la decisión: Dos días después declaró que no veía la
necesidad de pedir más tropas o pedirle al Presidente que las aprobara hasta
tanto no se viera el desempeño de las mismas.
“El Presidente de Pakistán
se reunió con Obama en su oficina. Obama le dijo que no quería armar a Pakistán
en contra de la
India. Reconoció que habían avanzado en
Swat pero que el cese al fuego había provocado que los extremistas subvirtieran
la legitimidad del gobierno pakistaní, y que el gobierno
estuviera dando la impresión de que nadie estaba a cargo. Obama reconoció que
Pakistán actuaba ahora con más decisión, lo cual se había hecho
evidente por su actuación en Swat y por haber permitido que la
CIA lanzara como promedio un ataque con aviones no tripulados cada tres
días en el curso del mes anterior. Los pakistaníes habían lanzado una operación
con 15 000 efectivos, una de las mayores hasta el momento, contra los talibanes.
“El jefe del Estado Mayor
Conjunto se daba cuenta de que la solución del problema afgano estaba justo a
la vista, merodeando por los pasillos del Pentágono. McChrystal ya era una leyenda. Había trabajado más que nadie, solucionando problemas y
sin protestar. Cumplía a cabalidad todas las órdenes. Gates finalmente anunció que McChrystal sería
el nuevo comandante de las tropas en Afganistán. ‘Nuestra misión allí’, dijo, ‘requiere nuevas ideas y
nuevos enfoques por parte de nuestros jefes militares’. Posteriormente Obama
expresó que él había estado de acuerdo con esta decisión porque confiaba en las
opiniones de Gates y Mullen, pero que no había tenido la oportunidad de
conversar personalmente con él.
“El 26 de mayo de 2009
apareció en el informe al Presidente uno de los más sensibles reportes de
inteligencia profunda. Su título era:
Los reclutas de Al Qaeda en América del Norte pudieran hacer cambiar los
objetivos y las tácticas en los Estados Unidos y en Canadá. Según el informe, alrededor de 20
partidarios de Al Qaeda con pasaportes estadounidenses, canadienses o europeos se
estaban entrenando en los santuarios de Pakistán para regresar a sus países de
origen y perpetrar actos terroristas de alto perfil. Entre ellos se incluían
media docena del Reino Unido, varios canadienses, algunos alemanes y tres
estadounidenses. No se conocían sus
nombres. Dennis Blair pensaba que los informes eran lo suficientemente
alarmantes y creíbles como para que el Presidente fuese informado. Pero Rahm
Emmanuel no estaba de acuerdo. Blair respondió, como asesor de
inteligencia del Presidente, que se sentía realmente preocupado y
Emmanuel lo acusó de estar tratando de responsabilizarlo a él y al Presidente.
“Al salir de la Casa Blanca Blair estaba convencido de
que ambos vivían en planetas diferentes con respecto a este tema. Cada vez más veía una falla en el gobierno.