“James L. Jones, un General retirado,
consideraba que el gobierno de Bush era asombrosamente desorganizado y
penosamente poco serio en lo que respecta a la paz en el Medio Oriente. Jones dijo que el Consejo de Seguridad de
Bush carecía de personal y era disfuncional, y que el asesor para la
seguridad nacional tenía que aplicar medidas para garantizar un avance
razonable en el logro de los objetivos.
“Un sector demasiado amplio
de la política estaba en el módulo de piloto automático, y el asesor de seguridad
nacional tenía que encontrar la forma de lograr resultados sin tener que
controlar al detalle lo que los diferentes departamentos y agencias debían
hacer. Obama preguntaba cómo se debía lograr eso. Convenza a sus subordinados
de que la visión de ellos es la suya, le recomendaba Jones. […] Obama
decidió que Jones fuera su asesor para la seguridad nacional.”
“Jones se sorprendió de que
Obama lo nombrara para este cargo de tanta responsabilidad y que confiara en
alguien que apenas conocía. Jones
pensaba que todo se basaba en las relaciones personales, y él no mantenía tales
relaciones con Obama.”
“El 26 de noviembre Bush
convocó una de las últimas reuniones del Consejo de Seguridad Nacional para
analizar un informe muy secreto sobre la guerra en Afganistán, elaborado por el teniente general
del Ejército Douglas Lute, conocido como el Zar de la
Guerra. El informe concluyó diciendo que los Estados Unidos no
podrían mantenerse en Afganistán a menos que se resolvieran tres grandes
problemas: mejorar la gobernabilidad, disminuir la corrupción y
eliminar los santuarios de los talibanes en Afganistán.”
Viene ahora otro
sorprendente episodio, tras el cual estaba la mano del gobierno de Estados
Unidos, demostrando el riesgo del que nos habló hipotéticamente el autor de la
teoría del “Invierno Nuclear”. Bastaría ―nos dijo― una guerra entre
Pakistán y la India, los dos países que menos armas atómicas poseen en el Grupo
de los 8 que pertenecen al “Club Nuclear”. Lo que se revela en el libro “Las
guerras de Obama”, demuestra que cualquier irresponsabilidad de la política de
Estados Unidos puede conducir a la catástrofe.
“Condoleezza Rice no se
sintió complacida con el informe. Bush
decidió que no iba a hacerlo público.
Posteriormente, 10 personas armadas comenzaron a merodear
por la ciudad india de Bombay, creando un espectáculo
de caos y violencia transmitido en vivo
por la televisión durante 60 horas. Seis ciudadanos estadounidenses resultaron
muertos. La operación fue organizada por un grupo conocido por la sigla LeT, que
significa el Ejército de los Puros, y estaba siendo financiado por la agencia
de inteligencia de Pakistán. Bush quería evitar tensiones entre la
India y Pakistán. La base de su
mandato era cero tolerancias para los terroristas y sus aliados. El FBI se horrorizó al ver que una operación
de bajo costo con el uso de la alta tecnología había paralizado a la ciudad de
Bombay. Las ciudades estadounidenses
tenían el mismo grado de vulnerabilidad.
Un funcionario del FBI expresó: ‘Bombay lo cambió todo.’